viernes, 27 de junio de 2008

Egoismo

Egoísmo
El perro de Carlos comenzó a hablarme el otro día. Mas allá de sus incomprensibles ladridos, yo percibía una necesidad intensa de comunicarse, dirigida inusualmente hacia mi. Después de que ignorarlo fue imposible, finalizado el cigarro y guardada la cigarrera en el sacón, quise echarlo pero el cuadrúpedo se resistía a interrumpir su aguda (yo suponía) charla. Así que no tuve más remedio que prestarle atención. Cuando logre captar un sonido que se repetía (digamos, un fonema) trate de imitarlo lo mejor que pude intercalándolo en sus incesante ladridos para probarle un significado. Después de unas cuantas pruebas y logrando una imitación bastante buena, surtió efecto y el perro adopto un tono mas calmo. El fonema, cuando pude dejar de pensar como hombre y tratar de hacerlo como un perro, no tenía un significado; tenía un sentido. El fonema, representaba una palabra entera. Más precisamente: Malo. Adoptando ese método, pude discernir 7 de ellos: Malo, Bueno, Rico, Feo, Carlos, Agua y Comida. El perro celebraba cada acierto o descubrimiento con un medido cambio de tono. Lo seguí escuchando para tratar de descifrar lo que realmente decía. Pero a medida que descubría más y más palabras, ese objetivo se tornaba cada vez más imposible. Luego de unas horas de oír sus penurias, sus lamentos, sus quejas, sus visiones sobre el mundo y sus discursos sorprendentemente reivindicativos, caí en la cuenta de algo: El perro no tenía ningún fonema para referirse a mí. Ni a mí, ni a ningún otro. Era, en suma, realmente egoísta. Entonces, me levanté y salí de lo de Carlos, comentándole al irme “Bo, me dejaste como tres horas hablando con tu perro”. Y si,estaba re quemado.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Basta a mal-acostumbrarnos a excelentes narraciones!! alguien que ponga algo muy choto ya!!
gracias
tq
planaria

Seba dijo...

Interesante...un pedazo mas de nuestra vena artistica